lunes, 2 de noviembre de 2015

Los lunares son un lugar común.



Me encantas,
hay algo en ti que supera todo lo que soy:
la forma recta de tu nariz,
esa enorme sonrisa que engalana un cuarto entero.

Me encantas,
me encanta tu risa antes de esa seriedad de tumba,
tus onomatopeyas sinsentido,
esos insectos que caminan por tus ideas,
las ganas que tienes de irte.

Estoy profundamente enamorado
de lo cierta que eres,
de como dejas que te toque y te quitas antes de que signifique algo,
de cuando masticas los sabores al recuerdo,
del arete en tu nariz.
De tu lunar.
De tus lunares.

Te quiero para mi,
para mi desorden,
para mi odio,
para mis cervezas por la noche
y mis mañanas austeras.
Para besarte,
para abrazarte,
para cantar y bailar como niños de seis años,
para decirnos verdades al oído.

Pero te temo.
Y ante el temor, un olvido.
Ojalá no te resignes.