martes, 18 de octubre de 2016

Estoy triste

Tengo una tristeza sostenida,
latente, contrastante,
pequeñita.

No sé si se debe al último desamor,
a la muerte de mi papá en enero,
a que este año no he dirigido ficción,
o al sinsentido de la existencia.

Pero ahí está,
todas las mañanas,
junto a mi desorden.

Entonces pienso,
en mi último desamor,
en la muerte de mi papá en enero,
en que no he dirigido ficción,
en que la vida no tiene sentido,
justo después de que sale el sol.

Me disgusta mi tristeza,
pero me gusta pensar en Alejandra,
en mi papá,
en qué quiero dirigir,
y en que esto de vivir nunca va a tener sentido.

La tristeza pequeñita,
sostenida,
se convierte en ilusión,
y la ilusión en sentido,
y el sentido en nombres propios,
y los nombres propios en pasiones,
y las pasiones en ideas,
y las ideas en conversaciones,
y las conversaciones en momentos,
y los momentos trascienden.

lunes, 15 de agosto de 2016

Así está el más acá hoy


Haces falta por acá.
Hay un pequeño vacío constante
que se hace más grande y desolador
cuando necesito un consejo.



Haces falta, papá.
No hay en el mundo
palabra tan sensata,
mirada tan cariñosa,
manos tan calientes,
como las tuyas.



Quisiera revivirte un ratito,
nomás tantito.

Es egoísta porque mereces descansar
en paz,
como la que quisiste siempre.

Pero vamos,
dejaste en mi manos una vida
y otras más,
sin aviso alguno.



¿Qué hago cuándo la vida duele?
¿Qué mierda hago con la soledad?

¿Por qué sigue importándome tanto ella?
Tú sabrías.
Yo no sé.

No sé nada,
pero estoy vivo.
Tú sabías todo. 
Haces falta, coño.

domingo, 12 de junio de 2016

Epígrafe a Laura

Te escribo a ti, Laura
estos versos.
Estas horas de ciudad errónea,
este merengue sin aspiraciones,
esta salsa guiada,
esta cumbia genética.

Todo esto es tuyo,
porque te pienso.

viernes, 20 de mayo de 2016

Losdós.

40 millones de personas se han subido y bajado del metro desde el último beso que nos dimos. Yo soy una de ellas; ocho de ellas. A ninguna de esas personas le pediría que viviera conmigo. Ven. Pronto.

Han sido días cargados de esta necesidad tan mía de saber que me quieres con tus manos. Dejé, en la puerta del museo, justo en sus escaleras, todas las piedras. Me las cambiaste por bonitas macetas con plantitas bebé y me encomendaste que cuidara de ellas, creo que lo estoy haciendo bien.

Estoy seguro, de una forma muy extraña, de que quiero que me ayudes a crecer esas plantitas.

Nada me mueve más que yo.
Y yo, contigo.
Luego tú.
Losdós.
Así, sin espacio.

martes, 19 de enero de 2016

Problema existencial común #1

Removiste cosas dentro de mí con tu problema existencial. Me asomé a lugares a los que me daba miedo asomarme hace tiempo para intentar recordar lo difícil que fue desprenderme del cariño que yo entendía como único, infinito y verdadero. 

En mi experiencia, la salida fácil nunca es fácil, como dices tú. Es más bien, la decisión más difícil del mundo. Dejar todo lo que construiste con tal de avanzar en metas personales que nadie más que tu comprende realmente. En mi caso, creo que fui yo el que se hizo con el tiempo incapaz de acompañar esos sueños que brillaban en la mente de quien era absoluta dueña de lo que yo entendía como amor. Ella fue incapaz de hacer que yo lo sepa, de mostrarme con certeza en qué estaba fallando como pareja. 


¿Tenía solución?  
Claro que sí. 
¿Podríamos haber seguido juntos hasta tener una "boda de ensueño"? 
Claro que sí. 

Pero no fue así, se sumaron las circunstancias y nuestros egoísmos dando como resultado una distancia definitiva, sin retorno, llena de obscuridad para los dos al principio. Ni le dimos solución, ni habrá boda ¿Por qué? ¿¡Quién sabe!? 

Hoy, con muchas horas de masticar, tragar y digerir el dolor cada uno a su manera, yo entiendo que simplemente no quisimos darle solución porque nuestros seres no estaban llamados a ese encuentro. Estoy seguro que, cuando menos lo espere -con quien menos espere, quizás- volveré a sentirme capaz de sembrar esas cosas que me gusta sembrar en una pareja: sueños en conjunto, planes a larga distancia, viajes por el mundo, arte. Entonces, llegará un momento en el que las mismas dudas que terminaron con la relación que yo creía que era la definitiva, ocuparán nuestro espíritu; la experiencia me llevará a intuirlo y mi necesidad de certeza, de cambio, de mejoría, me hará afrontarlo de manera distinta: buscaré soluciones, dialogaré honestamente, seré terco. Tendré más fuerza y experiencia. Estaré mucho más cerca de lograr esa "boda" (y sobretodo la añorada familia con dos hijas que te comenté) ¿Lo lograré? No dependerá solo de mi, pero lo habré dado todo y lo habré afrontado de manera distinta.

Eso es Ella, eso es Él: fortaleza, experiencia. Son retazos de creatividad para resolver luego los problemas que se tienen siempre. Son amor verdadero que terminará por regresar en una forma más cercana a nuestros anhelos. 

Finalmente, si no es nuestro momento lloraremos una vez más; si lo es, bailaremos vals. Pero la vida no habrá acabado y la "salida fácil" no será opción.